domingo, 18 de noviembre de 2007

ANCESTROLOGIA

ANCESTROLOGIA
EL SABER DE LOS ANCESTROS
FAMILIA TRADICION O TRAICION
LOS ANTEPASADOS DUELEN

martes, 17 de julio de 2007



Sanación genealógica:
“Mi locura es tratar que este mundo sea mejor”

Francisca Ansaldo F.
Una cadena de trágicas situaciones familiares hizo que Pedro Engel esté, por estos días, embutido de cabeza con el tema de la sanación genealógica que es, según sus palabras, analizar el árbol familiar de cada persona y ver cómo influyen los antepasados en la vida cotidiana. “La teoría se basa en que no existen las familias sanas. Porque cada árbol familiar es una réplica en miniatura del mundo y es cosa de ver las noticias para saber cuán enfermo está”, explica.


Su propia experiencia familiar fue muy compleja y por eso dice que buscó alguna forma de poder sanar esas heridas. “Mi familia está marcada por dramas”, asegura. Partiendo porque sus padres y abuelos, provenientes de Hungría, Checoslovaquia y Viena, fueron sobrevivientes judíos de la Segunda Guerra Mundial. “Entonces mis papás ya venían enfermos del chape, porque no es fácil escapar así de algo tan tremendo”.

Además, cuando tenía 15 años, su hermano del medio (eran tres hombres y él es el menor), murió en un accidente automovilístico la noche de su despedida de soltero. “Y a raíz de eso, el mayor se aprovechó de este drama para tratar de quedarse con toda la plata de mi papá, que era riquísimo”. Su padre era el dueño de una de las mayores fábricas de materiales de construcción del país. “Nos dio una vida muy buena, mucha cultura, muchos viajes. Pero cuando murió mi hermano, se produjo una suerte de Caín y Abel entre el mayor y yo. Porque se casó con una mujer muy ambiciosa. Me costó 50 años cortar relaciones con él porque yo no quería que mi familia se dividiera pero no me la pude. Finalmente, yo no heredé ni un lápiz, hasta la casa donde vivo está en litigio”, agrega.

Pero eso no es todo. También vivió la dolorosa experiencia de perder a su mujer, la madre de sus cuatro hijos. Enviudó cuando tenía apenas 28 años. “Pero he hecho lo posible porque esta familia sea lo más unida que se pueda, como la que yo no pude tener, por culpa de tantas tragedias”. Su mujer, también descendiente de hebreos, era sicóloga. El tarotista no se ha vuelto a casar pero sí está emparejado desde hace más de dos décadas.

-¿Cómo llegaste a la sanación genealógica?
“Porque tuve la suerte de asistir, además de a talleres de interpretación de sueños, a terapias de familia con Lola Hoffman, que inventó algo que me sirvió mucho; que es que hay que venerar a los padres. Hay que hacer que la imagen de ellos sea sagrada, porque si uno piensa que son unos desgraciados, por ejemplo, uno también lo será, inevitablemente. Entonces hay que levantar la imagen de los padres como ella los llamaba ‘padres trascendentes’. Y me resultó y logré tener una buenísima relación con ellos. No me importó lo de la plata, me lo salté. Pero sobre todo por mis hijos, para que tuvieron abuelos y tener una familia que valiera la pena”.

Además, cuenta que complementó esa experiencia con la connotada siquiatra con textos de psicogenealogía de Alejandro Jodorowsky y estudió a otros autores especialista en el tema. “Ahí me di cuenta de que si yo no había solucionado este triángulo entre mis padres y mi hermano se lo iba a heredar a mis hijos y me puse a trabajar de lleno en eso. Con todos estos antecedentes construí una teoría con la que finalmente pude rescatar a mi familia y entregarle a mis hijos algo más sano de lo que me dieron a mí. Todavía tengo la herida, pero sobrevivo con ella. Hice estos talleres con mis hijos y noté un cambio profundo en ellos, les saqué este peso que heredaron de mis papás, como la nostalgia de ser emigrantes y se dieron cosas preciosas. Y así me di cuenta que podía utilizar mi propia herida en beneficio de otras personas. Ahí salió esta teoría que yo llamo ‘Familia, tradición o traición”. Y la aplico en personas y me encanta el resultado, he visto sanar”.

-¿Qué piensan tus hijos sobre todo esto? ¿Te creen el cuento?
“Los que no me creían se sanaron mucho más rápido que los otros. Tengo obsesión por mis hijos. Yo fui el rechazado de mi familia por eso ahora tengo este aclaneamiento. Con Catalina, la única mujer y ahora ingeniera comercial, tuve una relación más cercana, la sobreprotegí porque era la única niñita en medio de puros hombres. Kabir, es dueño del pub-restorán “Santo remedio” y del “Ozono”. Esteban, es doctorado en bioquímica y el menor, Simón, es estudiante de veterinaria”.

La sanación genealógica se ha transformado en su obsesión desde hace 5 años. Después de su próximo libro a publicar, sobre interpretación de sueños, escribirá sobre esta teoría. “La familia se supone que es lo mejor que uno tiene, pero pasa que a veces te roban, te traicionan, te dejan fuera, te estafan y eso cómo uno lo puede sanar si supuestamente es sagrada y es la que te acoge. Siempre he tenido esta locura de, con un granito de arena, hacer de este mundo un mejor lugar. Y una forma de hacerlo es ir sanando cada árbol familiar para así tener una sociedad más sana”.


Pedro Engel:
“Soy muy rebelde y no me gusta que me digan lo que tengo que hacer”



Más Vicio Privado


“Mi locura es tratar que este mundo sea mejor”




“Mi nieta es mi único cable a tierra”







El ya mítico astrólogo y tarotista de revistas, radio y TV está ad portas de publicar su libro número 15. Mientras, se dedica de lleno a la sanación genealógica (familiar) ya que asegura que con ese método esta sociedad “enferma” se podría curar y que a él le ha servido para su propia y dolorosa experiencia.
Francisca Ansaldo F.

La casa de Pedro Engel parece encantada, como sacada de un cuento. Un patio grande y antiguo, lleno de árboles viejos y mal cuidados le dan un toque lúgubre y misterioso, pero totalmente ad hoc. Un perro policial llamado Júpiter deambula pacíficamente por el lugar, complementando el paisaje.

El “brujo”, como él mismo se denomina, aparece, de entre las sombras de los troncos, vestido como quien se queda a medio levantar en la casa; con una suerte de pantuflas. Muy afable y con esa voz calma y profunda que lo caracteriza, nos hace pasar a la “pérgola”, su taller, que queda al fondo del patio. Después de prender la estufa, con un relajo total sirve té y da la impresión de un abuelito querendón. Y de hecho, lo es.

Su “oficina”, está atiborrada de velas, cuarzos e imágenes religiosas de todo tipo (es multireligioso). Lo que hace que uno se sienta observado y que se respire, obligatoriamente, esoterismo puro. También la repletan libros, inciensos y… anteojos. Sí, en su escritorio hay una decena de ellos, porque según el tarotista siempre los pierde o los rompe sin querer, porque asegura no apegarse a las cosas materiales.

Rodeado del humo de los inciensos, el tarotista comienza a rememorar sus inicios en el mundo del esoterismo. Esta vorágine se fue desarrollando en su época universitaria, cuando estudiaba literatura en la U. de Chile, durante la acontecida década de los ‘70. Porque la literatura siempre ha sido su verdadera pasión, luego vinieron los estudios de astrología y de interpretación de sueños con Lola Hoffmann. A los 20 años ya se había leído la obra completa de C. G Jung, también mucho de Borges y Cortázar. Este último aún es uno de sus escritores favoritos.

-¿Cómo fue tu época de estudiante en tiempos y lugares tan agitados?
“Fue de las mejores cosas que me pasó en la vida porque tuve profesores increíbles, todos íbamos a clases por verdadera vocación y la literatura era parte de todo lo que estaba pasando en ese momento en el país y en el mundo, como la revolución de mayo en París, que tuve la suerte de estar ahí. Fue un período que cambió al mundo. Luego vinieron las dictaduras en Latinoamérica, que aplastaron esa revolución”.

Cuenta que después del Golpe Militar, a su escuela llegó un uniformado y les advirtió a todos los alumnos que la literatura chilena se acabó con Blest Gana. Nunca más se escuchó hablar de Neruda o Mistral. Después de esa afirmación, Engel dejó de ir a clases, pero retomó sus estudios años después y hasta fue profesor de varios colegios durante algunos años.

Agrega que cuando joven perteneció al MIR, pero era tan hippie que no lo aguantaron y lo expulsaron del movimiento. “Es que soy muy rebelde y no me gusta que me digan lo que tengo que hacer así que en ningún partido duré mucho”, dice entre risas.

Lo anterior también le ha afectado en términos laborales, por eso estudia bastante con quienes tendrá que trabajar antes de aceptar cualquier propuesta. Tanto así, que después de 14 años laborando para la editorial Random House, se cambió repentinamente a Planeta- la que publicará su nuevo libro (ya suma 15 a su haber), que se titula “Diez claves para interpretar los sueños” y que está a punto de salir del horno- porque, según él, cuando asumió un nuevo jefe en su antigua casa editorial, vio y analizó la foto de éste que salía en un diario e inmediatamente supo que no podría trabajar con él. “Los brujos somos así. Las fotos me hablan mucho más de la gente que cuando las conozco personalmente”, argumenta.
Historial
Para ver entrevistas anteriores, linkea Vicio privado, arriba de esta página.
Su abuela, también “bruja”, le decía que era mejor no tener tantas facultades, para evitar este tipo de conflictos. “Es triste, sobre todo porque así uno se da cuenta, por ejemplo, cuándo los amigos son de verdad o no. He tenido muchas decepciones por este don en ese sentido”.

Cuenta que este don de predecir se fue manifestando desde que era muy pequeño. Cuando murió Marilyn Monroe, su madre le dijo Ha muerto la diosa del cine. “Eso me provocó un sensación tan fuerte que acá, en esta ‘pérgola’ (vive en la misma casa de su infancia), colgué fotos de ella, le prendí velas e hice un círculo. Y eso nadie me lo había ensañado, me salió de adentro. Después mis padres me preguntaron qué había hecho y yo les dije que era un ritual para la diosa. Creo que debo haber tenido el conocimiento de la brujería de otras vidas pasadas”.

Esta curiosidad esotérica-espiritual también se despertó gracias a una tía monja que siempre le hablaba de los santos y de sus poderes. Sus padres eran judíos, sin embargo, él se confiesa de la religión “wika”, la de los brujos, aunque le gusta observar y estudiar todo tipo de creencias. Incluso revela que casi se mete a ser sacerdote católico. Reza oraciones de diferentes religiones y hace hechizos. Dice que cree en Dios, “pero no en ese castigador. Sí tengo la convicción de que existe un ser divino, aunque también suelo ser pagano”, comenta entre risas, mientras muestra un colgante de “Santa Muerte” que usa junto a otro de la Virgen de los Rayos. Esta mixtura, dice que guarda relación con su “elevado poder de conexión con la divinidad”. Además, hizo cursos de teología y religiones comparadas.

-¿En qué NO cree Pedro Engel?
“En los pecados, en las culpas. Muy al contrario, siento algo más protector con los dioses. Y tampoco creo en la política ni en los políticos. Dejé de creer en ellos hace tiempo. Ha sido la mayor decepción de mi vida. Sufrí mucho con el gobierno de Lagos, tuve una depresión profunda por mis convicciones. Me la jugué mucho con Allende, después estuve preso, vi sufrir a amigos detenidos. Y cuando asumió Lagos, fue terrible. Fue una falta de respeto para todo ese dolor que, en el nombre del socialismo, suba una persona tan fascista, tan patriarcal, tan nociva. Reclamé durante todo su gobierno en radios y donde pude”.

-¿Qué piensas del gobierno actual?
“Creo que la política de hoy es una vergüenza. Se perdió todo tipo de ideal y se utiliza ese poder para estafar, para robar, para los pitutos. Y los pobres no le interesan a nadie. La maldad del Transantiago me da una pena horrible”.

Continúa: “Se ha destruido la ecología y sobre todo la cultura. Ya no veo TV porque es pura basura. Sólo veo teleseries brasileñas”.

El astrólogo pasó más de 15 años en TV. Día tras día compartía sus conocimientos en un espacio de un matinal. “Fui un aporte porque hasta ese tiempo nadie había logrado demostrar que el horóscopo es real. Yo llevaba mi computador que en esa época costaba lo mismo que un auto (se ríe) y sirvió para aclarar que así se puede sacar una carta astral y que para hacer un horóscopo hay que ver el paso de los planetas, que eso tiene una base”.

Agrega que no volvería a la TV pero que sí le gusta mucho el medio radial y que siempre lo invitan a participar en programas. Además, escribe en más de cinco medios, entre revistas y portales.

-¿Cómo crees que está Chile, espiritualmente hablando?
“Es un país súper potente espiritualmente. El primer gurú que tuve a los 15 años, en una escuela esotérica, decía que Chile iba a tener un papel importante en la espiritualidad en el mundo y así lo creo. La Cordillera tiene mucha energía para entregarle al planeta. En Chile hay mucho interés por lo espiritual. Por ejemplo, hay mucho estudio sobre las flores de Bach y la sintergética, que es la síntesis de las medicinas, que los médicos se unan con la ciencia alternativa para sanar pacientes y no competir. Hay harto interés en sanar acá, será porque estamos tan enfermos, por todo lo que hemos vivido y sufrido. Aunque envenenen los lagos, entuben el agua, igual hay una energía potente y tengo mucha esperanza”.

-¿El chileno medio es esotérico? ¿Se nota muy ansioso por saber ‘qué le depara el futuro’?
“Por lo general, la gente no llega tanto a mí para saber el futuro, si no que para sanarse. Ya sea en el trabajo, pareja o hijos. Vienen para saber cómo construir futuro. Mi consulta es eso, preguntar cómo salir de hoyos y qué camino tomar para que le haga bien a ellos y a los que vienen detrás de ellos. Más que a la adivinación nos hemos ido a la sanación, que es lo que a mí me gusta. Chile se está sanando, energéticamente hay posibilidades”.

-¿Y el mundo?
“Yo creo que el ser humano va hacia lo grande, cuando dejemos la tontera segraria. Así como ha habido una globalización a la mala, debe venir una a la buena. Nos vamos a dar cuenta que somos hijos de un planeta y que si no hacemos algo pronto, se va a morir”.

-Hablas del calentamiento global, ¿crees que vamos por buen camino?
“De todas maneras, tengo mucha esperanza y fe, sobre todo en los jóvenes. Veo que las nuevas generaciones vienen con otro chip. Sé que en mi propio clan, por lo menos no se volverán a repetir algunos errores. Los errores se repiten cuando uno no los toma en cuenta y no aprende de ellos”.


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“Mi nieta es mi único cable a tierra”


Francisca Ansaldo F.
Pedro Engel nació en Santiago, el 28 de agosto de 1950. Descendiente de hebreos -aunque su familia nunca fue practicante de rituales judíos-, estudió en Instituto Hebreo, del cual no tiene los mejores recuerdos: “Lo pasé pésimo ahí, nunca me hallé y no pensé en meter a mis hijos en ese colegio. Eso sí, los últimos años tuve una profesora de castellano que me cambió la vida. Gracias a ella estudié literatura. Fue un encuentro muy potente de mi alma, ya que ella detonó en mí la búsqueda espiritual”.

Dice que lo único que lo saca de este entorno espiritual-esotérico es su nieta de cuatro años. “Ella es mi gran cable a tierra. Me encanta que me haga compañía e ir a ver películas de monitos juntos”.

También le gusta cocinar todo tipo de comida. Fue vegetariano por mucho tiempo pero ya no lo es. Ahora cocina comida húngara, la de sus ancestros. Aunque su gran hobbie es coleccionar piedras y joyas. Le gusta hilar collares con piedras preciosas, cuyas combinaciones, dice, se pueden usar para sanar chakras.

Como buen virgo, es cíclico y confiesa que le baja por épocas ser vanidoso. “En mi juventud fui muy trapero y después de un aluvión, perdí todo, y ya no me apego a lo material. No tengo nada, sólo un par de pilchas; unos buzos colgados por ahí, eso es todo”.

De practicar deportes, ni hablar. “De joven era un ‘cabeza de músculos’, hacía mucho ejercicio pero después de los 40 me arrané. Ahora me encanta ir a las camas de Jade y caminar. En realidad, leer es mi deporte favorito (se ríe). Murakami y Bolaño han sido mis últimos descubrimientos”.

La música también llena los días del astrólogo. Su favorita es la clásica y la brasileña. Tampoco se pierde las telenovelas del país de la zamba, asegura que las ve a diario. “Me encantan, además me gusta escribir los guiones y achuntarle a los finales”.

-¿Y te gusta viajar?
“Gracias a Dios tuve la oportunidad de viajar mucho y prácticamente conozco casi todo el mundo. Pero ahora ya no me llama la atención; me cargan los aviones, los aeropuertos, los hoteles. Me gusta estar en mi casa. Europa, por ejemplo, no me gusta, quizás porque mi familia tuvo que huir de ahí de una forma tan dramática”.

-Además de tu dolorosa experiencia, ¿cómo te proteges y te aíslas frente a tanto drama ajeno que tienes que analizar en tus consultas?”
“Tengo mi forma de protegerme pero igual me afecta, soy humano. No se puede ser insensible. Es parte de la creatividad el pensar un poco como egoísta: si te sanas tú, me sano yo. Al sanar a otros uno también se va sanando. La sanación ocurre a un nivel energético y con esto de la física cuántica, del efecto mariposa; en la medida que el otro se sana, yo también, porque los seres humanos somos un solo organismo. Mientras más seres humanos sanos haya, más se sana el mundo y todos nos sanamos juntos”.

-Suena como si fuera casi una obra social, pero en verdad es parte de tu trabajo, porque también vives de eso.
“Hay mucho de mi trabajo que no es pagado. Los lunes en la tarde, hago un taller abierto para sanar grupos. No se me ha quitado el alma de comunista (se ríe). Los brujos ocupamos un espacio en la sociedad, como los sicólogos, los sacerdotes. Tenemos el poder que se nos otorga para entrar en la naturaleza y movilizar las energías”.

-Entonces, es más que un don.
“Todos tenemos un don pero te tiene gustar lo que uno hace. El don tiene que ver con el pathos, con la pasión, con el alma. Lo demás se adquiere. El brujo no nace, se hace. Hay que tener una dedicación absoluta, estudiar y practicar mucho”.

-¿Buscas la proyección internacional?
“Yo soy bien quitado de bulla, pero sí lo he logrado. No es algo que haya buscado si no que llegó solo. Hay una editorial española que quiera publicar mis libros y he ido a hacer estas sanaciones a Argentina, Uruguay y Estados Unidos”.

-Finalmente, cuéntanos ¿cuál es tu vicio privado?
“Las piedras. Puedo gastarme brutalidades de plata por ellas, no le puedo contar a nadie cuánto. También comer chocolates y sobre todo pelar, me encanta; hasta me hice un blog especialmente para dedicarme a pelar a familiares y a los políticos, de forma descarada” (se ríe maliciosamente).